Mientras la Familia Vicenciana de África y Madagascar se reúne en Nairobi para su Primer Congreso Continental, participantes de distintos países y ramas comparten no solo sus esperanzas, sino también la experiencia viva del carisma vicenciano. Sus palabras hablan de servicio, juventud, humildad, unidad y cercanía a quienes son pobres y excluidos. Estos cinco testimonios ofrecen una muestra de una Familia que crece unida, escucha con profundidad y busca ser testimonio vivo del amor de Cristo.
«Rezo para que la Familia Vicenciana permanezca cerca de las realidades de los pobres, aunque solo sea para cuidar y escuchar. Debemos ponernos a su nivel. Para nosotros, el servicio no es un acontecimiento, sino una forma de vida. Como distintas ramas de una misma Familia, debemos apoyarnos unos a otros y ser una comunidad en la que nadie sea olvidado».
Alexander Guente – JMV Mozambique:
«Estoy agradecido por la formación que la Familia Vicenciana ofrece a los jóvenes. Como jóvenes, necesitamos el apoyo y la experiencia de la Familia. Puede que no tengamos muchos medios para ayudar a los demás, pero tenemos una riqueza en el corazón y una voluntad de compartir».
Chebou N.D. Carelle – JMV Camerún:
«Mirando a través de mis lágrimas, una vez vi a una persona con discapacidad llena de alegría, y eso me hizo cuestionarme a mí misma. Formar parte de la JMV me ha transmitido humildad y celo. Intento vivir mi vida con alegría compartida. Que la voz de los jóvenes sea escuchada».
Jean Baptiste Jacko Ramoriamizaraomy – JMV Madagascar:
«Sueño con una Familia Vicenciana unida y dinámica, cercana a los pobres que la sociedad ha excluido, una Familia en la que seamos testimonio vivo del amor de Cristo. Entonces viviremos vidas de alegría inesperada».
Marie Louise Uwitonze – JMV Ruanda:
«Estoy agradecida por las virtudes que la Familia Vicenciana me ha enseñado, especialmente las virtudes de la humildad y la modestia».









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