Ver a Cristo en el rostro de los pobres
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Librar a los pobres del poder de los malvados
Jesús es el Enviado del Padre al mundo para defender a los pobres. Forma parte de esa misión, claro, el librar la vida de los pobres del poder de los malvados.
La misión de Jeremías fue dura. Mas el profeta no la abandonó ni se dejó vencer por el pavor en torno. Pues con él estaba el Señor como su fuerte defensor. Este no dejaba de librar la vida del pobre del poder de la gente perversa.
Es dura también la misión de los convocados por Jesús. Ella, por lo tanto, les pueda causar temor. Pero el que los ha llamado y enviado les dice que no tengan miedo. No han de temer que fracasen al tomar parte ellos en los duros trabajos de anunciar la Buena Noticia. Es que el poder de Dios los va a librar de tal miedo. Aún más, la Palabra que se cubre ahora y se oculta, cual una semilla, llegará a descubrirse y saberse un día. No hay obstáculos que puedan impedir que florezca ella.
Pero esto no quiere decir que los que confían en la Providencia huyen de sus responsabilidades. Se mantienen no más en paz. Aún les toca ir por todas partes para anunciar la Buena Noticia de palabra y de obra (SV.ES XI:393). Es decir, han de asistir a los pobres de todas las formas y hacer que los demás les asistan también. Hasta los de Jesús han de usar los medios más eficaces para difundir lo que les enseña él.
Y dice el Maestro que no es a los hombres que hay que temer sino a Dios. Pues los hombres no lo pueden todo, mientras Dios lo puede todo.
Pero Dios no es como los del mundo que se creen omnipotentes. Estos son déspotas y tiranos. De ellos, pues, nos queremos librar los que somos de la gente común y corriente. En cambio, con la protección y el cariño de Dios, nuestro Padre, podemos contar.
Señor Jesús, por tu gracia abundante, no nos dejes de librar de nuestros miedos. Concédenos confiar, al igual que tú en la protección de nuestro Padre. Así, lograremos sufrir contigo y por ti, y servir a los pobres, hasta entregar nuestro cuerpo y derramar nuestra sangre.
21 Junio 2026
12º Domingo de T.O. (A)
Jer 20, 10-13; Rom 5, 12-15; Mt 10, 26-33
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