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Evangelio y Vida para el 16 de junio de 2026
“Amen a sus enemigos”
1 Re 21, 17-29; Sal 50; Mt 5, 43-48.
Al punto más alto de su enseñanza nos lleva Jesús: “Amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen”. Amar a quien nos ama es algo natural; pero amar a quien nos ha herido parece imposible. Sin embargo, Jesús no nos pide un sentimiento, sino una decisión: elegir el bien incluso hacia quien no lo merece.
Dios hace salir el sol sobre buenos y malos. Su amor no es selectivo ni condicionado. Como hijos suyos, estamos llamados a reflejar ese mismo amor. Esto no significa aprobar la injusticia, sino no dejar que el odio ocupe nuestro corazón.
En la vida cotidiana, este mandato se vive en cosas concretas: no hablar mal del que nos ofendió, no desearle el mal, intentar comprender antes de juzgar, orar por quien nos cuesta. Es un camino exigente, pero libera. El rencor ata; el perdón, sana.
Cuando Jesús dice “sean perfectos”, nos invita a madurar en el amor. La verdadera perfección cristiana no está en no equivocarse, sino en aprender a amar como Dios ama. Con su gracia, lo que parece imposible se vuelve posible cada día.
Así, sabiéndonos entonces imperfectos podemos cantar con el salmista “Misericordia, Señor, hemos pecado”.
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