“María conservaba en su corazón todas estas cosas”
1 Re 19, 19-21; Sal 15; Lc 2, 41-51.
En este pasaje contemplamos a Jesús adolescente que se queda en el templo sin que María y José lo sepan. Ellos, angustiados, lo buscan durante tres días. Cuando lo encuentran, Jesús responde que debía ocuparse de las cosas de su Padre. Después, vuelve a Nazaret y vive obediente a ellos.
Este pasaje nos habla, ante todo, de la vida en familia. María y José experimentan la preocupación que tantos padres conocen: el miedo de no saber dónde está un hijo. Dios mismo quiso vivir esa experiencia humana. Esto nos enseña que las dificultades familiares no son señal de fracaso, sino parte del camino.
También vemos a Jesús que, aun siendo Hijo de Dios, vive obediente y sencillo en su hogar. Crece “en sabiduría, en estatura y en gracia”. La vida oculta de Nazaret nos recuerda que lo cotidiano –el trabajo, el estudio, la convivencia– es lugar de crecimiento y santidad.
En nuestra vida diaria, este Evangelio nos invita a buscar a Jesús cuando parece que se ha “perdido” en nuestra rutina. Y nos anima a fortalecer el diálogo y la confianza en la familia.
Cuando Dios está en el centro, incluso las preocupaciones se transforman en oportunidades de crecer en amor.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: José Luis Rodríguez.








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