Jesús, la prueba en persona de que Dios nos ama, se compadece de los débiles y abandonados. Tener tal compasión es la vocación de los de él.
La vocación de los de la Congregación de la Misión les pide ir por toda la tierra (SV.ES XI:553). No se han de instalar en una parroquia o en una diócesis. Es que buscan hacer lo que Jesús.
Sí, él es un Maestro ambulante. No es al igual que los fariseos que fundan escuelas en las que se rodean de discípulos. Va él al encuentro de los discípulos en vez de esperar que vengan ellos a él; se acerca a la situación de vida de ellos.
Ni es Jesús cual los sacerdotes del templo que ganan bien de los sacrificios de los fieles. Pues él da gratis. No busca el propio bien sino el bien de los demás. En especial, el bien de los débiles de que se olvida «la cultura de descarte».
No, no cabe duda de que él se compadece de esos que son como ovejas que no tienen pastor. Por el bien de ellos, va él por todas partes: enseña en las sinagogas y anuncia la Buena Noticia del reino; cura toda clase de enfermedades y dolencias. De todo esto se trata, sí, su vocación.
Y quiere él que su vocación sea de sus discípulos también. Por lo tanto, Les da a los Doce la autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Y han de ir ellos y proclamar que el reino de los cielos está cerca. También han de curar a los enfermos, resucitar a los muertos, limpiar a los leprosos, arrojar a los demonios. Es decir, la vocación de los Doce quiere decir también la misión de salvación y liberación.
Señor Jesús, nos das parte de tu vocación y misión, de tu sacerdocio y realeza. Concédenos asistir a los débiles y descartados. Así, guardaremos la religión pura y verdadera. Y haremos nuestra parte para que se cumpla el deseo de abrazar todo el mundo en una red de caridad. Y déjanos a los que celebramos la Eucaristía ir contigo y caminar por las calles, atravesar las plazas, visitar nuestros barrios, habitar los lugares de nuestra vida cotidiana.
14 Junio 2026
11º Domingo de T.O. (A)
Éx 19, 2-6a; Rom 5, 6-11; Mt 9, 36 – 10, 8








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