“Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón”
Deut 7, 6-11; Sal 102; 1 Jn 4, 7-16; Mt 11, 25-30.
Eleva Jesús una oración al Padre y luego nos hace una invitación muy hermosa: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré”. Estas palabras tocan el corazón, porque todos, en algún momento, nos sentimos cargados por preocupaciones, problemas familiares, trabajo, enfermedades o incertidumbre.
Jesús nos habla también de ser sencillos como los pequeños. No se refiere a ignorancia, sino a tener un corazón humilde, capaz de confiar. Muchas veces creemos que podemos con todo solos, y eso nos llena de ansiedad. Él nos recuerda que no estamos solos.
Cuando dice “mi yugo es suave y mi carga ligera”, no significa que no habrá dificultades, sino que, caminando con Él, las cargas se llevan mejor. Compartir la vida con Jesús cambia nuestra manera de enfrentar el sufrimiento.
En la vida cotidiana, este pasaje nos invita a acercarnos más a Él en la oración, a confiarle nuestras preocupaciones y a descansar en su presencia.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: José Luis Rodríguez.









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