“No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud”
1 Re 18, 20-39; Sal 15; Mt 5, 17-19.
Nos dice Jesús que no ha venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud. Con esto nos enseña que la voluntad de Dios no cambia, pero sí se comprende mejor a la luz del amor. Jesús no elimina los mandamientos; los lleva a su sentido más profundo. No se trata solo de cumplir normas externas, sino de vivir una relación verdadera con Dios.
En la vida cotidiana, podemos caer en dos extremos: pensar que las reglas no importan o cumplirlas de manera fría y automática. Jesús nos invita a algo más grande: vivir la ley desde el corazón. Por ejemplo, no basta con “no hacer daño”; estamos llamados a amar. No basta con “no mentir”; debemos vivir en la verdad.
Cumplir la voluntad de Dios no es una carga, sino un camino de libertad. Cuando entendemos que los mandamientos son expresión de amor y guía para nuestro bien, cambian nuestra actitud.
Este pasaje nos anima a revisar nuestra coherencia. Que nuestra fe no sea solo palabras, sino vida concreta. Jesús nos muestra que la verdadera fidelidad nace del amor y se refleja en nuestras acciones diarias. Entonces confiados podremos aclamar “Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio”.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: José Luis Rodríguez.








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