Ver a Cristo en el rostro de los pobres
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Evangelio y Vida para el 8 de junio de 2026
“Dichosos los pobres de espíritu”
1 Re 17, 1-6; Sal 120; Mt 5, 1-12.
Jesús nos presenta las Bienaventuranzas. A primera vista, parecen contradictorias: felices los pobres, los que lloran, los perseguidos. El mundo suele decir que la felicidad está en el dinero, el poder o el éxito. Jesús, en cambio, nos muestra un camino distinto, más profundo y verdadero.
Ser pobre de espíritu no significa no tener nada, sino reconocer que necesitamos a Dios. Ser mansos es saber responder con paz en lugar de violencia. Tener hambre y sed de justicia es no acostumbrarse al mal. Ser misericordiosos es aprender a perdonar. Tener un corazón limpio es vivir con sinceridad. Trabajar por la paz es sembrar reconciliación en la familia, en el trabajo, en la comunidad.
En la vida cotidiana, las Bienaventuranzas nos enseñan que la felicidad no depende solo de lo que tenemos, sino de cómo vivimos. Tal vez enfrentamos dificultades, incomprensiones o sacrificios, pero si caminamos con Dios, nuestra vida tiene sentido.
Jesús no promete una vida sin problemas, sino una vida con esperanza. Las Bienaventuranzas son el retrato del mismo Cristo y la invitación a parecernos a Él cada día.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: José Luis Rodríguez.
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