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Evangelio y Vida para el 6 de junio de 2026
“Esa pobre viuda ha echado en la alcancía cuanto tenía”
2 Tim 4, 1-8; Sal 70; Mc 12, 38-44.
Dos actitudes muy distintas nos muestra Jesús. Por un lado, los escribas que buscan los primeros lugares, los saludos y el reconocimiento. Por otro, una viuda pobre que deposita en el templo dos pequeñas monedas, todo lo que tenía para vivir. Humanamente, su ofrenda era insignificante; para Jesús, fue la más grande.
Este pasaje nos invita a revisar nuestras intenciones. A veces hacemos el bien, pero esperando aplausos, reconocimiento o quedar bien ante los demás. Jesús nos recuerda que Dios mira el corazón. No se fija en la cantidad, sino en el amor con que damos.
La viuda nos enseña confianza y generosidad. Dio desde su pobreza, no desde lo que le sobraba. En la vida cotidiana esto significa ofrecer tiempo, escucha, ayuda y cariño, aunque nos cueste. Tal vez nadie lo note, pero Dios sí lo ve.
No se trata solo de dinero, sino de entrega. Cuando damos lo mejor de nosotros con humildad, aunque sea poco a los ojos del mundo, se convierte en algo grande ante Dios. Ahí está el verdadero valor.
Si actuamos así, nuestro ser cantará con el salmista “Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación”.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: José Luis Rodríguez.
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