A comienzos de este año, fui invitado a unirme a la Junta de la Federación de Hermanas de la Caridad en su reunión en Cincinnati. Además de compartir información actualizada sobre nuestro ministerio en las Naciones Unidas, también tuve la bendición de unirme a ellas en la oración.
Antes de que concluyeran las reuniones, se nos invitó a orar a la fundadora o al fundador de nuestra congregación. Aproveché esta oportunidad para rezar a santa Isabel Ana Seton, inspirado por las profundas raíces setonianas de las Hermanas en Cincinnati y de las líderes presentes.
Me gustaría compartir mi oración con ustedes. Les invito a reflexionar conmigo sobre algunas de las preguntas que planteo a Madre Seton y, al considerar su respuesta, a preguntarnos juntos cómo nos interpela esto ahora, como Federación, en este momento de nuestra historia humana.
¿Qué podría estar llamándonos el Espíritu Santo a hacer y a ser?
Esta es mi carta en forma de oración a santa Isabel Ana Seton. Gracias por la oportunidad de compartirla con ustedes.
James R. Walters, Ed.D., representante de la ONG de la Federación de Hermanas de la Caridad ante las Naciones Unidas.
Querida Madre Seton:
Me pregunto qué pensabas de Estados Unidos cuando vivías y ejercías responsabilidades de liderazgo. Me pregunto cómo te sentías ante los dirigentes de entonces, al ver tanta pobreza e injusticia. Sabemos, por tu ejemplo y tu legado, que veías las carencias y reunías a otras personas para responder a ellas, especialmente en lo relativo a la educación de los niños y de quienes vivían en la pobreza.
Me pregunto qué pensarías de Estados Unidos hoy y, quizá más importante aún, qué harías. ¿Cómo te comprometerías no solo con la comunidad local, sino también con el mundo? ¿Cómo utilizarías la tecnología para unir, educar, formar y amar? ¿Cómo te relacionarías con los poderosos, con quienes nos dividen, con quienes odian?
Me pregunto qué dirías si hablaras ante la Asamblea General de la ONU. ¿Cómo les interpelarías? ¿Se conmoverían sus corazones? ¿Empezarían a cambiar las realidades de quienes viven en la pobreza? Me lo pregunto y, a veces, me debato interiormente sobre cómo puedo hacer esto tan bien como tú lo harías.
Encuentro un atisbo de respuesta a estas preguntas en quienes me han acompañado durante estos últimos días, personas que viven e irradian tu legado y tu carisma. Veo en ellas tanta resiliencia, pasión y fe. Cuánto deseo ser como ellas, ser como tú.
Estoy muy agradecido de estar entre ellas, y también ruego poder tener un impacto como el que ellas tienen y como el que tú tuviste. En un tiempo tan oscuro, gracias por esta luz.
No estoy seguro de cuánto tiempo tendré en esta tierra, y ciertamente rezo para que sea más de lo que indican las probabilidades; pero, sea cual sea la respuesta, que este tiempo se emplee bien para dejar este mundo un poco mejor de como lo encontramos hoy. Que otras personas, por medio de este ministerio, vean defendidos sus derechos humanos y su dignidad humana, y conozcan el amor incondicional de Dios por ellas.
Por último, por favor, reza por mí y por nosotros, especialmente por aquellas personas a quienes servimos y amamos.









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