Ver a Cristo en el rostro de los pobres

Dejar lo del mundo para buscar lo del Espíritu

por Ross Reyes Dizon | May 22, 2026 | Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Jesús es el ungido con el Espíritu Santo y el Enviado del Padre.  A su vez, envía a sus discípulos.  Les pide dejar lo del mundo y buscar lo del Espíritu.

Se cree que Pentecostés anula lo que pasó en Babel.  Mas esto no es correcto del todo y, por lo tanto, lo hay que dejar.

Es que Pentecostés no restaura la sola lengua que se hablaba antes.  Pues los discípulos hablan en otras lenguas, si bien los oye hablar cada oyente en su lengua nativa.  El Espíritu Santo, es decir, hace uno de muchos.

Y esa unidad en la diversidad se ve también en el dicho:  «Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu».  Este hace, sí, de los muchos un solo cuerpo.

Mas el mayor don que hemos de ambicionar es el amor.  Pues no amar será no dejar las tinieblas.

Y ese es el amor del que les dice a los cobarbes:  «Paz a vosotros».  Tal amor los alumbra al anochecer.  Y se alegran ellos al verlo.  Al enseñarles él las manos y el costado, señales del amor más grande.

Por amarlos así, los envía como el Padre lo ha enviado.  Pues no les basta con seguir a Jesús si no le siguen los demás.  Del mismo modo que no me basta con amar a Dios, si no lo ama mi prójimo (SV.ES XI:553).

Jesús sopla luego sobre ellos para darles el Espíritu Santo.  Es decir, se les manda dejar lo seguro y cómodo del mundo para conseguir los dones del Espíritu.

Han de salir, sí, los discípulos para anunciar con su vida el amor del Maestro.  Proclamar que él es la medida del amor.  Que él es el criterio del amor verdadero.  Y no más tal amor lleva a que nos perdonemos los unos a los otros.  A que nos salvemos de la ruina que el egoísmo, el buscar no más el interés propio, causa.

Señor Jesús, danos tu Espíritu Santo que nos enseñe que tú eres la plenitud del amor.  Que nos impulse a dejar los propios intereses para amar al igual que tú, hasta entregar nuestro cuerpo y derramar nuestra sangre.  Lograremos así forjar de las espadas arados, de las lanzas, podaderas, y no adiestrarnos para la guerra.

24 Mayo 2026
Domingo de Pentecostés
Hch 2, 1-11; 1 Cor 12, 3b-7. 12-13; Jn 20, 19-23

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