“Su tristeza se convertirá en gozo”
Hech 18, 9-18; Sal 46; Jn 16, 20-23.
Con estas palabras de consuelo por parte de Jesús, a poco tiempo de su partida en el contexto del primer momento o episodio de su vida entre nosotros, nos alienta y nos ayuda a robustecer nuestra fe y a conseguir que junto con nuestra esperanza no decaiga, puesto que ésta no de- frauda, algo así como lo que en su momento nos recordaba el Papa Francisco en uno de sus documentos, incluso así titulado: “Spes non confundit” (La esperanza no defrauda).
De ahí que en Dios y en su promesa es en donde siempre hemos de fijar nuestra alegría y nuestro gozo al ser hijos de un Dios tan misericordioso, un Dios que es nuestro refugio y fortaleza (Sal 46). Un Padre bueno que, en la persona de Cristo, su Hijo, promete volver a vernos y alegrar nuestro corazón con esa alegría que ya nada ni nadie nos podrá quitar (Jn 16, 20. 22). Así que, ¡Ánimo! Que nuestra esperanza no decaiga y que nuestra fe no se debilite, sino al contrario, a pesar de las adversidades y en medio de cualquier circunstancia de nuestra vida, no tengamos miedo, sigamos hablando y no callemos (Hech 18, 9), del gran amor que Dios nos tiene.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Marco Antonio Landín Estrada C.M.








0 Comentarios