Contemplación: Transacción y Transformación

por .famvin | May 11, 2026 | Contemplación SSVP USA, Formación, Sociedad de San Vicente de Paúl | 0 comentarios

Este artículo apareció originalmente en ssvpusa.org

En el discernimiento, cuando nos enfrentamos a dos aparentes contradicciones o polaridades, la verdadera respuesta no consiste tanto en decidir entre «esto o aquello», sino más bien en llegar a la fórmula de «ambas cosas a la vez». Esta verdad está profundamente arraigada en nuestra fe, y en ningún lugar se manifiesta con mayor claridad que en la doble naturaleza de Cristo: la unión hipostática de lo humano y lo divino, que refleja nuestra propia naturaleza unitaria como cuerpo y alma unidos. Al revestirse del manto de la humanidad, Dios nos llama a la unión con Su divinidad. Como expresó Santa Luisa: «Así como Dios se ve a Sí mismo unido al hombre en el cielo mediante la unión hipostática del Verbo hecho Carne, así quiso también tal unión en la tierra, para que el género humano nunca más volviera a separarse de Él». [SWLM, A.15] No «esto o aquello», sino «ambas cosas a la vez».

De manera similar, al considerar nuestras visitas domiciliarias, a veces caemos en la trampa del «esto o aquello», concibiendo nuestra labor como una elección entre «transacción» y «transformación». Esta falsa dicotomía puede, a su vez, llevarnos a malinterpretar la naturaleza tanto de la transacción como de la transformación. Cuando el vecino nos llama necesitado de ayuda para el alquiler, los servicios públicos o la comida, siempre hacemos todo lo posible por atender esa necesidad en primer lugar. Esa es la razón por la que nos han llamado; y una petición de ayuda —como dijo una vez la Beata Rosalía— es «prueba de amistad». [Sullivan, 237] Pagar una factura es, ineludiblemente, una transacción; sin embargo, esto no debería llevarnos a disociar la transformación de la transacción.

El propósito primordial de nuestra vocación vicentina es nuestro propio crecimiento en santidad, y el medio principal para alcanzar dicho crecimiento es servir a Cristo en la persona de los pobres. Si separamos la transacción de la transformación en nuestra labor —convirtiéndolo en un dilema de «esto o aquello»—, corremos el riesgo de empezar a considerar que nuestra misión consiste en transformar a los demás o, lo que es aún peor, en definir la transformación en términos meramente materiales.

Mediante nuestro testimonio —tanto de palabra como de obra—, invitamos al vecino a compartir nuestra fe y le ofrecemos la esperanza eterna de Cristo.  Esto también forma parte de nuestra misión; sin embargo, que sus corazones se conviertan no depende, en última instancia, de nosotros, sino de Dios. Como expresaba nuestra primera Regla: «No hemos sido comisionados para realizar el bien que escapa a nuestro poder efectuar». [Regla, 1835] Son los pobres quienes actúan como los primeros evangelizadores. Hemos sido enviados para buscar, ver y servir a Cristo y, al hacerlo, para procurar nuestra propia transformación. No se trata de elegir entre una cosa u otra, sino de abarcar ambas.

Nuestra Regla nos convoca a forjar «relaciones basadas en la confianza y la amistad». [Regla, Parte I, 1.9] Es a través de dichas relaciones que somos conducidos, de manera natural, hacia las acciones que alivian la privación, hacia las palabras de consuelo que restituyen la dignidad y hacia el acompañamiento constante de nuestros amigos mediante la defensa de sus derechos, las obras especiales y el cambio sistémico. No obstante, todas estas acciones no son más que meras transacciones si carecen de la gracia transformadora de Dios, pues «nada de valor eterno podemos lograr sin Su gracia». [Regla, Parte I, 2.5.1]

En esta labor nuestra, la transacción se convierte en relación, y la relación conduce a la transformación: la transformación de nosotros mismos hacia la santidad; la de nuestro prójimo hacia la esperanza; y la de nuestra sociedad hacia una civilización del amor. No se trata de elegir entre una cosa u otra, sino de abarcar ambas.

Contemplación

¿De qué modo mi servicio me transforma? ¿A qué me llama mi transformación?

Por Timothy Williams
Director Senior de Formación y Desarrollo de Liderazgo
Sociedad de San Vicente de Paúl USA.


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