Te invitamos a descubrir al beato Santiago de Masarnau a través de sus palabras: un gran músico y quien instauró la Sociedad de San Vicente de Paúl en España.
Santiago de Masarnau (1805-1882), en su calidad de presidente de la Sociedad de San Vicente de Paúl en España, nos legó un valioso patrimonio espiritual y humano plasmado en decenas de discursos pronunciados en las Asambleas de la Sociedad. En ellos, dejó reflejado su profundo amor a Dios y a los pobres, su visión profética del servicio caritativo y su constante invitación a vivir la fe con coherencia y alegría. Estas intervenciones, cargadas de fervor y lucidez, constituyen hoy un testimonio vivo de su compromiso vicenciano y una fuente de inspiración para quienes desean seguir sus huellas.
Texto de Santiago de Masarnau:
Los pobres (seamos francos, señores) ¿no nos han hecho a nosotros y nos están haciendo continuamente mucho más bien que nosotros les estamos haciendo a ellos?
– Santiago de Masarnau, Discurso a la Sociedad de San Vicente de Paúl en Madrid, de julio de 1855.
Comentario:
Un reconocimiento humilde
Masarnau nos invita a una sinceridad que desarma cualquier orgullo: en la relación con los pobres, somos nosotros quienes recibimos más de lo que damos. Este planteamiento rompe con la imagen habitual de benefactores que “salvan” a otros, para colocarnos en el lugar de discípulos y deudores.
El bien que recibimos
El pobre nos da la oportunidad de vivir la caridad, de ejercitar la paciencia, de abrir el corazón y de crecer en virtud. Nos saca de nuestro mundo cerrado y nos enfrenta a realidades que purifican nuestras motivaciones. Muchas veces, sin saberlo, el pobre se convierte en instrumento de Dios para nuestra conversión.
Inversión de papeles
A primera vista, parece que el pobre es el necesitado y nosotros los que proveemos. Sin embargo, en el plano espiritual, sucede lo contrario: nosotros necesitamos del pobre para parecernos más a Cristo. Como decía San Vicente de Paúl, “los pobres son nuestros amos y señores”, porque nos conducen a Dios al obligarnos a salir de nosotros mismos.
Un bien continuo
Masarnau subraya que este beneficio no es puntual, sino “continuo”: cada encuentro con un pobre puede renovarnos, corregirnos, inspirarnos y acercarnos a la verdad del Evangelio. Esta es una gracia que a menudo no percibimos hasta que miramos atrás y reconocemos cuánto hemos cambiado gracias a ellos.
Llamada a la gratitud
Si aceptamos que el pobre nos hace más bien del que nosotros le hacemos, la gratitud se convierte en parte esencial del servicio. No se trata sólo de dar gracias a Dios, sino también de reconocer explícitamente al pobre como un bienhechor en nuestra vida espiritual.
Sugerencias para la reflexión personal y diálogo en grupo:
- ¿Has experimentado que un pobre te haya hecho más bien del que tú le hiciste?
- ¿Cómo cambia tu manera de servir el reconocer que también eres beneficiario?
- ¿En qué aspectos concretos de tu vida has crecido gracias a la relación con los pobres?
- ¿Practicas la gratitud no sólo hacia Dios, sino también hacia las personas necesitadas?
- ¿Qué pasos puedes dar para que tu servicio sea más un intercambio de dones que una ayuda unilateral?
Oración:
Señor, abre nuestros ojos para reconocer
el bien que recibimos de quienes más sufren.
Que no nos creamos dueños,
sino deudores agradecidos.
Enséñanos a escuchar en silencio,
a aprender de la paciencia,
a dejarnos transformar por la humildad de los pobres.
Haz que cada encuentro sea escuela de Evangelio,
lugar donde tu gracia nos purifique
y tu verdad nos conduzca a un amor más sincero.
Que vivamos en gratitud,
conscientes de que recibimos más de lo que damos,
y que ese reconocimiento nos lleve
a servir con alegría y reverencia.
Amén.









0 Comentarios