“Las obras del Señor son admirables”
Hech 8, 5–8.14-17; Sal 65; 1 Pe 3, 15-18; Jn 14, 15-21.
En este sexto domingo de pascua, podemos vislumbrar una vez más y entender que el Padre siempre nos abraza con la presencia de su Hijo en medio de nosotros y al mismo tiempo lo hace también con su Espíritu, llamándonos con ello a la práctica de un amor eficaz.
Es ese mismo amor que ha de mantenernos abiertos a un ambiente escatológico, lo cual quiere decir abiertos a la venida definitiva de Jesús, pues bien, él nos lo ratifica cuando nos dice: “Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes si me verán”.
Se trata entonces de un amor tan grande que nos permite ver las obras del Señor que son admirables, pero al mismo tiempo hablamos de un amor que nos lleva a honrar a Dios en la persona de Cristo, a honrar a todos y amar a los hermanos, como ese reflejo del amor del Padre hacia nosotros.
Pues el Señor lo ha dicho en algún otro momento que, si nos amamos entre nosotros, entonces deveras lo amamos a Él. Esto evoca un ambiente de fraternidad entre nosotros, de comunión como Iglesia y despierta una gran alegría de sabernos todos redimidos y salvados por la Resurrección de Cristo el Hijo amado del padre.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Marco Antonio Landín Estrada C.M.








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