“Yo los he elegido a ustedes y no ustedes a mí”
Hech 15, 22-31; Sal 56; Jn 15, 12-17.
Cuando hablamos de un llamado, ya sea en cuestiones vocacionales o para desempeñar algún servicio dentro y fuera de la Iglesia, es común que sin pensarlo tanto evaluemos e incluso lleguemos a poner en tela de juicio nuestras actitudes, aptitudes o capacidades.
Lo mismo sucedió con algunos profetas y con algunos apóstoles, que, reconociendo su“incapacidad”, dudaban de que Dios les llamaba para ir a instaurar el Reino de Dios y anunciar la Buena Nueva a los pobres. De esta manera, hoy Dios nos sigue llamando a nosotros para seguir edificando la Iglesia y hacer que tome un mejor rumbo y una mejor dirección.
Sintámonos dichosos de que Dios nos elige de una y mil maneras para esta noble causa, para hacer que su palabra dé frutos de amor, de misericordia y de reconciliación. Dispongamos nuestra persona para decirle que sí al Señor, sin miedo y con una continua acción de gracias.
Entregando la vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo que nos llama y nos ha elegido desde nuestro bautismo para ir a donde Él nos necesite.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Marco Antonio Landín Estrada C.M.









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