Cristo murió por los pecados para llevarnos a los pecadores a Dios. Ser cristiano quiere decir sufrir persecuciones y comparecer ante la corte y recibir azotes. Y también tener por Abogado al Espíritu de la verdad.
Aún se despide Jesús de sus discípulos y los prepara para cuando se vaya él al Padre. Los recuerda el Maestro que obras son amores y no buenas razones. Sus obras llevarán a que el Padre les dé otro abogado que esté siempre con ellos, el Espíritu de la verdad.
Y al Espíritu de la verdad no lo acepta, lo toma por nada, el mundo. Es que está más allá del ver y del conocer del mundo.
Pero los de Jesús no pueden menos que ver y conocer al Espíritu de vida. Pues este mora con ellos y está en ellos y, así, los hace vivir.
Jesús, por lo tanto, no los deja huérfanos a los suyos. Se ha ido, sí, al Padre, y es por eso que ya no lo ve el mundo. Mas lo ven los discípulos, si bien no está con ellos del mismo modo que antes de la muerte. Lo ven porque viven en y desde el Espíritu. Al vivir en y desde el Espíritu de Jesús y del Padre, los discípulos se sumergen en la comunión de la Trinidad.
Pero, ¿de veras los que nos decimos cristianos amamos a Jesús y guardamos sus mandatos? ¿Vemos más allá de lo que alcanza la vista y miramos no solo con el intelecto, sino con el alma? ¿Podemos decir honestamente que vemos a Jesús y su Espíritu? ¿Al Espíritu de la verdad lo tomamos por nuestro abogado? Pues puede ser que, para llevar a cabo obras divinas, no usemos los medios que nos revela Dios por Jesús (SV.ES II:325; III:170). Y quizá no captemos que entregar el cuerpo y derramar la sangre, perder la vida, es decir, es ganarla.
Señor Jesús, concédenos verte y aceptar al Espíritu de la verdad. Así, vivirás por la fe en nuestros corazones. Y continuaremos tu obra y presentaremos ante el mundo el rostro verdadero del Padre.
10 Mayo 2026
Domingo 6º de Pascua (A)
Hch 8, 5-8. 14-17; 1 Pd 3, 15-18; Jn 14, 15-21









0 Comentarios