Contemplación: Nuestra obra es nuestra oración

por .famvin | May 2, 2026 | Contemplación SSVP USA, Formación, Sociedad de San Vicente de Paúl | 0 comentarios

Este artículo apareció originalmente en ssvpusa.org

Como vicentinos, somos personas de contemplación y acción en pos de nuestro propósito primordial: nuestro crecimiento en santidad. Muchos de nosotros, habiéndonos hecho miembros para vivir nuestra fe a través de obras de caridad, podemos sentir la tentación de ver la contemplación como una distracción de esa labor, de creer que la contemplación se produce a expensas de la acción (y viceversa).

Sin embargo, no así lo veía Vicente. Él dejó muy claro que «todos nuestros razonamientos son infructuosos si no se traducen en acciones»; pero, si bien para él la acción es necesaria, no es suficiente. Del mismo modo que nuestra oración, separada de la acción, puede darnos una ilusión de santidad, nuestra acción, separada de la oración, puede volverse superficial y compulsiva. [Manual, 62] Para los vicentinos, no se trata de elegir entre la contemplación o la acción, sino de integrar ambas en todo momento.

Nuestra obra es nuestra oración, y nuestra oración es nuestra obra.

Parece claro, entonces, que aquello que resulta más importante para nosotros contemplar es nuestra propia acción, si verdaderamente creemos —junto con Federico— que «visitar a los pobres debe ser el medio y no el fin de nuestra asociación». [182, a Lallier, 1838] Se requiere intencionalidad para mantener nuestra labor vinculada a nuestro crecimiento a través de la oración. De manera individual, utilizando herramientas como el *Diario de Visitas Domiciliarias*, cada uno de nosotros puede profundizar en sus propios encuentros con Cristo, examinando cómo Él nos ha transformado y buscando discernir aquello a lo que Él nos llama a hacer ahora.

Pero resulta, al menos, igual de importante que compartamos también nuestras reflexiones y percepciones con los demás en las reuniones de nuestra Conferencia; espacios donde, en lugar de limitarnos a informes áridos centrados en recomendaciones de asistencia, compartimos las inspiraciones personales y la transformación que hemos recibido. Nuestro crecimiento espiritual emana de nuestra conexión mutua. Ningún miembro participa en todas las visitas domiciliarias, pero todos podemos crecer a partir de las visitas que compartimos entre nosotros de esta manera. Creados por Dios para vivir en comunidad, nos enriquecemos con el crecimiento de los demás, adquiriendo nuevas perspectivas y caminando juntos, unos junto a otros, en nuestra senda hacia la santidad.

Los pobres a quienes servimos sufren, a menudo, en silencio; resultan invisibles para gran parte de la sociedad, apartados de una verdadera comunidad. Es precisamente su invisibilidad lo que nos insta a hacer espacio en nuestros corazones —como expresó Federico— «para contemplar debidamente el mundo invisible, el mundo real», y para prestar «suficiente atención a los dos compañeros que caminan siempre con nosotros: Dios y la muerte». [70, a Falconnet, 1834] Cuando acompañamos a los pobres, no es solo por ellos, sino por nosotros mismos, con la esperanza de que ellos, a su vez, nos acompañen a nosotros. Como nos recuerda Federico: «la bendición de los pobres es una bendición de Dios». [1457, Informe, 1834]

Contemplación

¿Considero verdaderamente mi labor como una oración? ¿La comparto o me la guardo para mí?

Por Timothy Williams
Director Senior de Formación y Desarrollo de Liderazgo
Sociedad de San Vicente de Paúl USA.


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