La Anunciación (Lucas 1,26-38)
Un conocido cuadro del Museo de Arte de Filadelfia siempre me ha atraído por su movimiento. Es un retrato del artista Henry Ossawa Tanner y constituye su versión de la Anunciación a María (tengo una pequeña reproducción colocada justo delante de mí).

La Anunciación de Henry Ossawa Tanner, Museo de Arte de Filadelfia, dominio público, vía Wikimedia Commons.
Resulta llamativa la forma vibrante en que el artista capta la interacción entre la oscuridad a la derecha y la luz que irrumpe desde la izquierda.
Es esta joven mujer, María, sentada en su cama en un rincón oscuro de su habitación y envuelta en una manta gris. Parece medio aturdida mientras la luz resplandeciente llena suavemente la estancia. En esa oscuridad puede verse su rostro sorprendido justo en el momento en que comienza a suavizarse y a acoger la claridad que llega hacia ella.
El cuadro representa el clima de esta escena evangélica de Lucas. Una joven persona, que no está realmente segura de lo que está sucediendo, se abre a la presencia del ángel que irradia esa luz. Y, lo más revelador, en ese resplandor esta mujer se abre a las posibilidades de lo que justo antes parecía imposible.
Lo mejor es dejar que la escena hable por sí misma. Es decir, ese momento en que la luz (de Dios) atraviesa con ternura el miedo y la duda de María y revela qué y quién viene hacia ella.
Esta es la Anunciación: la Palabra de Dios anunciándose a sí misma al corazón dócil de esta creyente que acoge la Buena Noticia de lo que está siendo proclamado.
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