“El servidor no es más que su señor”
Hch 13, 13-25; Sal 88; Jn 13, 16-20.
Repasa Pablo la historia de Israel y muestra la fidelidad de Dios: Él guía, libera, sostiene, y finalmente cumple la promesa en Jesús. La Pascua nos recuerda que nuestra historia no está a la deriva: Dios conduce, aunque a veces no entendamos el camino.
En el Evangelio, Jesús enseña una ley sencilla y exigente: “el servidor no es más que su señor”. Quien recibe al enviado recibe al mismo Cristo. La fe pascual se verifica en el servicio, no en el prestigio.
Hoy hay muchas tentaciones de “ser señores”: Imponer, mandar, buscar reconocimiento, usar a la gente. Y al mismo tiempo hay multitudes cansadas por el abuso, por la injusticia, por trabajos sin dignidad. El Resucitado nos llama a cambiar esa lógica.
Proclamar sin cesar la misericordia del Señor significa vivir como enviados: servir con humildad, escuchar al pequeño, acompañar al enfermo, defender al pobre. La Pascua no se termina con el mes; continúa en cada gesto de servicio. Que la alegría de Cristo vivo nos haga una iglesia sencilla y valiente, donde el amor se vuelva concreto y nadie quede fuera.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Edder Oswaldo Triana Alcocer C.M.









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