Soledad: cuando la presencia marca la diferencia

por .famvin | Abr 29, 2026 | Noticias | 0 comentarios

Mientras la soledad avanza en Francia, las personas afectadas no recurren fácilmente a las asociaciones. Sin embargo, los vínculos sociales son vitales para cada uno de nosotros. Investigación entre quienes están comprometidos en preservarlos.

Fueron sus problemas de salud los que hicieron que Lætitia cayera al mismo tiempo en la precariedad y en la soledad, cuando quedó en situación de invalidez y su marido, seguido de sus familiares cercanos, le dieron la espalda. Atrapada en una espiral de pérdida de confianza, esta madre soltera retrasó durante mucho tiempo el momento de pedir ayuda, mientras se saltaba comidas para poder alimentar a su hijo. Antes de recuperar una vida social en el Café Sourire de la Sociedad de San Vicente de Paúl en Nieppe (Norte), Lætitia vivió “días sin rumbo, todos iguales”, sin nadie con quien compartir las emociones relacionadas con su caótico recorrido médico.

Como ella, las personas que sufren soledad son difíciles de alcanzar: “No nos atrevemos a decir que nos sentimos solos”, observa Serge Gillotin, presidente del equipo de voluntarios de San Vicente de Paúl de Luçon (Vendée). Según él, “la gente suele tener cierto pudor; no se atreve a pedir ayuda porque piensa que ya tiene un techo sobre la cabeza…”. Sin embargo, desde el estudiante aislado hasta el residente mayor en un centro sociosanitario, pasando por las personas afectadas por la viudedad o aisladas en el medio rural, hoy una de cada cuatro personas declara sentirse sola, una cifra que alcanza a una de cada dos entre quienes viven en situación de precariedad.

Efectos sobre la salud

La soledad hace daño: “Las personas mayores que viven solas en sus casas sufren con frecuencia pérdida de motivación, depresión e incluso desnutrición, cuando pierden el placer de comer por tener que hacerlo siempre sin compañía”, afirma Estelle de Saint-Bon, directora general de Ensemble2Générations, un programa de convivencia compartida entre personas mayores y jóvenes. Numerosos estudios también han demostrado sus efectos perjudiciales sobre la salud física y mental o, en el caso de los más jóvenes, sobre el absentismo y los resultados escolares.

“Si suele aparecer en momentos de transición, como un duelo, una separación o una mudanza, la soledad se vuelve problemática cuando se hace crónica, porque genera un fenómeno de habituación que dificulta salir de ella”, explica Arnaud Gouilliart, delegado general de la Fundación Francesa para los Vínculos Sociales, creada recientemente para promover acciones de prevención frente al aislamiento y la soledad. Esto tiene consecuencias para toda la sociedad: “Una persona que sufre soledad tiene más dificultad para aceptar la alteridad y se vuelve más desconfiada. A largo plazo, el aumento de la soledad se convierte en una amenaza para la cohesión social e incluso para la democracia”.

Favorecer la toma de palabra

Ante este elevado coste social, Arnaud Gouilliart invita a los responsables públicos a implicarse en un tema “que muchos consideran erróneamente como una cuestión íntima”. Mientras tanto, los voluntarios de las asociaciones actúan sobre el terreno, como en los numerosos Cafés Sourire abiertos por la Sociedad de San Vicente de Paúl.

En Nieppe, este tiene lugar los sábados por la mañana, de 9 a 12, con ocasión del reparto de alimentos. Dominique Decoune, presidente del equipo local, pasa de mesa en mesa y procura que las personas puedan conversar entre ellas: “Lanzo pequeños temas de conversación, por ejemplo preguntándoles cómo van a cocinar los productos”.

Gracias a la escucha constante, y porque los voluntarios cultivan una actitud de benevolencia que evita cualquier juicio, las personas empiezan a hablar con mayor libertad y, semana tras semana, nacen amistades: “Veo claramente que ahora los participantes eligen su mesa en función de las personas con las que quieren reencontrarse”, observa el presidente.

Por su parte, la asociación Cop1, fundada “por jóvenes para jóvenes” durante el periodo del Covid para luchar contra la precariedad estudiantil, también presta atención a su soledad. Su último Barómetro anual sobre la precariedad estudiantil, realizado con el IFOP, revela que los estudiantes sufren la soledad el doble que la población general.

Durante sus distribuciones de alimentos, la asociación intenta “romper la barrera de la vergüenza” poniendo música y utilizando el trato de tú. También organiza actividades deportivas o culturales, así como “festines”: comidas que los jóvenes cocinan juntos antes de compartirlas, procurando que los grupos sean reducidos para favorecer la participación de cada uno y la creación de vínculos.

Estar atentos a las señales débiles

Promovido desde hace varios años en el ámbito del trabajo social, el enfoque del “ir hacia” resulta valioso en la lucha contra la soledad. Se caracteriza por la voluntad de entrar en contacto con personas que no formulan demandas ni recurren a los dispositivos existentes, y hacerlo en sus propios lugares de vida.

En Luçon, tras haber acompañado a una persona afectada por la soledad tras la muerte de su marido, Serge Gillotin reflexiona con su equipo sobre la creación de un servicio de “familias en duelo”. Los voluntarios del equipo local de la Sociedad de San Vicente de Paúl asegurarían una presencia telefónica para las personas que les remitiera el equipo parroquial de funerales, atento a las señales débiles de la soledad:

“Hay que estar especialmente vigilantes, por ejemplo, con las personas que viven esta prueba en un silencio total: es necesario que su dolor pueda expresarse”, advierte.

En este servicio, como en todas las demás acciones que luchan contra la soledad, la escucha es la clave para restaurar la confianza y reconstruir los vínculos.

“Para ello, el espíritu de la Sociedad de San Vicente de Paúl nos ayuda mucho”, considera Hubert de Lamotte. Una de las claves del éxito del Café Sourire que se celebra cada miércoles por la tarde con el equipo de Bayeux (Calvados), del que es presidente, reside en el equilibrio que se ha creado de forma natural entre los participantes: feligreses de la catedral, personas acompañadas, mayores, niños…

“En la Sociedad de San Vicente de Paúl —añade— no ‘hacemos caridad’; intentamos vivir con las personas. Es así, mediante nuestra simple presencia, como terminan confiando en nosotros y dejando caer las barreras que se habían impuesto”.

No nos atrevemos a decir que nos sentimos solos.

Por: Sophie Le Pivain, colaboradora independiente
Fuente: https://www.ssvp.fr/ozanam-magazine/dossiers/solitude-quand-la-presence-fait-la-difference

Juegos de mesa y buen ambiente en el Café Sourire de Burdeos.


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