“Mis ovejas escuchan mi voz”
Hch 11, 19-26; Sal 86; Jn 10, 22-30.
Antioquía es donde llegan los cristianos dispersos y anuncian al Señor Jesús. La mano del Señor está con ellos y muchos creen. La Pascua se expande cuando alguien se atreve a hablar, cuando una comunidad se abre, cuando la fe se vuelve contagiosa.
Jesús, en la fiesta de la Dedicación, afirma: “mis ovejas escuchan mi voz”. No es solo oír con los oídos; es obedecer con la vida. Y promete: nadie las arrebatará de su mano. La seguridad del creyente no está en el poder humano, sino en el amor del Padre.
En tiempos de incertidumbre, de violencia y de promesas rotas, necesitamos esa voz. Pero para escucharla hay que silenciar otras: la mentira, el resentimiento, la indiferencia ante el dolor del pobre.
Antioquía fue un lugar donde la fe se hizo visible; por eso los llamaron cristianos. Hoy también: que nos reconozcan no por palabras, sino por cómo cuidamos, cómo servimos, cómo defendemos la vida. Alaben al señor todos los pueblos: que nuestra alabanza se vuelva justicia y fraternidad, para que muchos encuentren en Cristo un hogar. Escuchar su voz hoy es elegir bien, aunque cueste.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Edder Oswaldo Triana Alcocer C.M.








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