En 2016, la Nueva Agenda Urbana fue adoptada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III) celebrada en Quito, Ecuador. La Nueva Agenda Urbana representa una visión compartida de ciudades inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles. Incluía compromisos para prevenir y eliminar el sinhogarismo, y para mejorar las condiciones de vida de las personas que lo sufren.
La Nueva Agenda Urbana está actualmente sometida a una revisión de medio término, que culminará en una reunión de alto nivel de la Asamblea General en julio de 2026. En una consulta multiactor de la ONU celebrada hoy, Depaul International presentó la siguiente declaración:
Los Estados miembros se comprometieron en la Nueva Agenda Urbana a prevenir y eliminar el sinhogarismo, mejorar las condiciones de vida e implementar enfoques integrados, orientados a la prevención y basados en el modelo Housing First. Sin embargo, casi una década después, no estamos en camino de cumplir estos compromisos.
El sinhogarismo está aumentando en todas las regiones y niveles de renta, impulsado por los conflictos, los efectos del cambio climático, la desigualdad, la falta de vivienda asequible y los sistemas débiles de protección social. ONU-Hábitat estima que hasta 3.000 millones de personas carecen de una vivienda adecuada, más de 1.000 millones viven en asentamientos informales, y al menos 330 millones se enfrentan al sinhogarismo absoluto. Sin embargo, a pesar de esta magnitud, y a pesar de los compromisos de la Nueva Agenda Urbana, la financiación internacional destinada a prevenir y erradicar el sinhogarismo sigue siendo insignificante.
El sinhogarismo no es una cuestión marginal ni aislada.
- Es una cuestión climática, porque los desplazamientos relacionados con el clima y la vivienda inadecuada exponen a las personas al calor extremo, las tormentas y la contaminación.
- Es una cuestión de salud pública, profundamente interrelacionada con los problemas de salud mental y física, y con la transmisión de enfermedades infecciosas.
- Es una cuestión de igualdad de género, que afecta de manera desproporcionada a mujeres y niñas en formas ocultas e inseguras.
- Y es una cuestión educativa, ya que los niños y niñas en situación de sinhogarismo afrontan grandes barreras para el aprendizaje y el desarrollo a largo plazo.
Si el sinhogarismo se trata únicamente como una preocupación local, no cumpliremos el compromiso de la Nueva Agenda Urbana de no dejar a nadie atrás.
Un mensaje central para la Declaración Política de julio debe ser: no podemos acabar con lo que no medimos. La Nueva Agenda Urbana pide datos de alta calidad, oportunos y desagregados. Pero, a nivel mundial, las definiciones y la medición del sinhogarismo siguen siendo inconsistentes. Acogemos con satisfacción el trabajo liderado por ONU-Hábitat hacia una definición global, pero ahora esto requiere compromiso político, financiación y una aceleración del proceso.
De cara a la revisión de los ODS y a la agenda posterior a 2030, el sinhogarismo debe ser reconocido explícitamente y supervisado, no ocultado bajo otros indicadores. Necesitamos visibilidad, comparabilidad y rendición de cuentas.
La buena noticia es que las soluciones existen. Los enfoques basados en la prevención y centrados en el acceso a la vivienda se están aplicando con éxito en todo el mundo. La brecha no está en el conocimiento; la brecha está en la voluntad política, la financiación y la acción global coordinada.
Esta revisión de medio término es nuestra oportunidad para reconocer la urgencia, cerrar la brecha de implementación y establecer una hoja de ruta ambiciosa y medible para cumplir las promesas realizadas en Quito.
Fuente: https://int.depaulcharity.org/









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