Una declaración de líderes vicencianos sobre la blasfemia y el testimonio público
En los últimos días, manifestaciones públicas públicas que han distorsionado el lenguaje y los símbolos religiosos con fines personales y políticos han causado una profunda preocupación entre muchos creyentes. En respuesta, las Hermanas de la Caridad de Nueva York han ofrecido una reflexión clara y ponderada, fundamentada en la fe, la reverencia y la responsabilidad. Su declaración invita a todas las personas de buena voluntad a redescubrir el verdadero significado de lo sagrado y a defender la dignidad de la fe religiosa en la vida pública. Es una llamada a la integridad, a la humildad y a un compromiso renovado con los valores del Evangelio.
La fe no es un accesorio.
Lo sagrado no es un disfraz.
Y Dios no es una herramienta de promoción personal.
Estamos profundamente preocupadas por el continuo uso indebido del lenguaje, de las imágenes y de los símbolos religiosos para la glorificación personal, el espectáculo político y la exhibición pública. Lo que hemos presenciado no es ingenioso, ni humorístico, ni inofensivo. Es blasfemo; es decir, es impropio, profano, sacrílego y ofensivo.
Para las personas creyentes, los símbolos sagrados tienen un significado que va mucho más allá de cualquier representación escénica. Nos orientan hacia la humildad, el arrepentimiento, la misericordia, la justicia y el amor al prójimo. Nos recuerdan que la verdadera grandeza no se encuentra en la dominación egoísta ni en el aplauso, sino en el servicio a los demás, especialmente a los pobres, a los vulnerables y a quienes han sido empujados a los márgenes.
Cuando la fe es manipulada para engrandecer el ego, incluso para causar daño o encubrir la crueldad con lenguaje religioso, los creyentes tienen la responsabilidad de hablar con claridad. El silencio ante este tipo de distorsión es lo que provoca un daño y una crueldad aún mayores.
Rechazamos la burla de aquello que millones de personas consideran sagrado. Rechazamos el falso testimonio que confunde el poder con la rectitud. Y renovamos nuestro compromiso con el Evangelio de Jesucristo, que eligió la humildad antes que el orgullo, la verdad antes que el engaño y el amor antes que el miedo.
En un momento en que tantas personas sufren a causa de la guerra, la pobreza, la división y la injusticia, el mundo no necesita más desprecio. Necesita valentía moral, compasión y líderes que comprendan que la reverencia a Dios no se demuestra mediante actuaciones al servicio de uno mismo, sino en la manera en que nos tratamos unos a otros.
Rezamos por la conversión del corazón, por la integridad en nuestra vida pública y por la sabiduría para reconocer que lo santo nunca debe utilizarse al servicio de uno mismo.
Equipo de liderazgo, Hermanas de la Caridad de Nueva York
Hna. Donna Dodge, Hna. Margaret O’Brien, Hna. Mary Mc Cormick,
Hna. Mary Ann Daly, Hna. Sheila Brosnan, Hna. Margaret Egan
Fuente: https://scny.org/
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