Evangelio y Vida para el 14 de abril de 2026
“Tenía un solo corazón y una sola alma”
Hch 4, 32-37; Sal 92; Jn 3, 7-15.
Los hechos describen una comunidad donde nadie llama “suyo” a lo que tiene. No es un ideal ingenuo, es fruto de la Pascua: cuando Cristo vive en medio, el corazón se ensancha y el egoísmo pierde fuerza. Por eso los apóstoles anuncian con poder y la necesidad de los pobres es atendida.
En el Evangelio, Jesús habla a Nicodemo del misterio de la cruz: así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, el Hijo del Hombre será levantado para que todo el que crea tenga vida. La salvación no viene de un triunfo fácil, sino de un amor que se entrega.
Hoy la pregunta es directa: ¿que hacemos con el hermano herido por la desigualdad? ¿Cómo hablamos de Dios si vivimos indiferentes ante la injusticia? La Pascua nos pide pasar de la fe de labios a la fe de manos: compartir, organizar la caridad, defender la dignidad.
El Señor reina, sí, pero su reinado se reconoce donde la vida es cuidada. Que la cruz de Cristo nos convierta en un pueblo capaz de dar, de servir y de sostener a los pequeños, para que el mundo crea.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Edder Oswaldo Triana Alcocer C.M.
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