“Lo mismo sucede con quien nace del Espíritu”
Hch 4, 23-31; Sal 2; Jn 3, 1-8.
Nicodemo busca a Jesús de noche: tiene preguntas, pero también miedo. Jesús no lo humilla; lo lleva a lo esencial: “nacer de nuevo”, dejar que el Espíritu haga nueva la vida. La Pascua no es maquillaje religioso; es un nuevo comienzo desde dentro.
En los Hechos, la comunidad regresa de la amenaza y no se encierra. Ora, recuerda la Palabra y pide valentía para anunciar. Y el lugar tiembla: no porque Dios asuste, sino porque el Espíritu despierta a un pueblo que no se resigna.
También hoy hay noches: la de quien vive con miedo por la violencia, la de quien calla ante la corrupción, la de quien se acostumbró a la pobreza como si fuera normal. El Resucitado nos llama a nacer de nuevo: a romper la indiferencia, a recuperar la compasión y a hablar con verdad.
Esperar en el Señor no es cruzarse de brazos. Es creer que Dios está obrando y, por eso, ponerse en pie. Que el Espíritu nos dé un corazón nuevo y una palabra valiente para servir a la vida, y que la comunidad sea refugio para los pequeños.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Edder Oswaldo Triana Alcocer C.M.









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