No cerrar las puertas, sino abrirlas

por Ross Reyes Dizon | Abr 9, 2026 | Formación, Reflexiones, Ross Reyes Dizon | 0 comentarios

Cristo resucitado es el que alumbra nuestras tinieblas.  No cerrar las puertas, sino abrirlas, es lo que quiere él que hagamos.

Les importa a los discípulos cerrar o no cerrar las puertas.  Pero esto no le importa a Jesús.  Pues entra él, de todos modos, en la casa con las puertas cerradas, en la que están ellos.

Nada, por lo tanto, lo puede impedir ponerse en medio de los suyos.  Supera él ahora las limitaciones del espacio y del tiempo ya que tiene un cuerpo glorificado.

Y se sirve Jesús de las nuevas propiedades de su cuerpo glorioso para despertar la fe de sus discípulos.  Para sacarlos de las tinieblas, del miedo, de las ansiedades, la desorientación, la desperación, la tristeza. 

Los tranquiliza, pues, a los que se sienten avergonzados y culpables por haberlo abandonado en los momentos duros:  «¡Paz a vosotros!»  Y al momento, les enseña las manos y el costado.  De este modo, reconocen ellos al Señor.  Así también, ya no pueden dudar de la misericordia que se les muestra.  Pues ella viene del que ha dado la vida por sus amigos.

Una vez más, les dice él:  «¡Paz a vosotros!».  Y los manda no cerrar las puertas.  Es que han de salir ellos, que él los envía como el Padre lo ha enviado.  Se les comparte, sí, la misión de Jesús, la de perdón, paz, reconciliación.  Los envía él al mundo para que todos vivan como una comunidad de amor, oración y compartición.  Fieles a lo que ha enseñado y a la fracción del pan.  Así que los orienta él, les enseña el camino.

Y con recibir ellos el Espíritu Santo, no pueden menos que no cerrar la tumba.  Más bien, la dejan abierta, que Jesús ya no está allí.  Es decir, logran ellos abrazar de forma plena la esperanza y la alegría de la Resurrección.

Señor Jesús, concédenos no cerrar nuestras puertas.  Así, no seremos al igual que los caracoles que no pueden sino encerrarse en sus conchas (SV.ES XI:397).  Danos tu Espíritu que nos haga conocer y saborear tu paz en estos tiempos duros. Y nos enseñe a devolver bien por mal, bendición por maldición.  Y muéstranos tu misericordia a los incrédulos y cobardes, para que te amemos y en ti creamos, si bien no te hemos visto.

12 Abril 2026
Domingo 2º de Pascua o de la Divina Misericordia (A)
Hch 2, 42-47; 1 Pd 1, 3-9; Jn 20, 19-31 

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