Beber el cáliz (Mateo 20,17-38)
El Evangelio es rico en metáforas, utilizando la imagen de una cosa para sugerir otra. Llamar a Jesús el Buen Pastor no significa que sea realmente un pastor de ovejas, sino que, como un buen pastor, cuida profundamente de quienes le siguen, incluso hasta el punto de dar su vida.
En una lectura reciente, Jesús utiliza la metáfora de un cáliz, o más precisamente, de beber lo que hay dentro del cáliz. Esto significa acoger algo que tendrá su efecto en ti, tanto por dentro como por fuera. Para Jesús, lo que contiene este cáliz es el sufrimiento que Él padecerá para el bien y la salvación de todos nosotros. Esta copa representa el sacrificio que Él —y, idealmente, cada uno de nosotros— está dispuesto a hacer en beneficio de los demás. Su desafío para nosotros es: ¿podemos beber este cáliz?
En distintos momentos y circunstancias de nuestra vida, se nos desafía a asumir una prueba u otra al servicio del prójimo.
Siguiendo esta metáfora de Jesús bebiendo este cáliz de dolor, ¿hay dificultades que tú y yo estamos llamados a soportar para atender estas necesidades? Por ejemplo, un padre que trabaja más horas para proporcionar una vida mejor a sus hijos. O una madre dispuesta a renunciar a parte de su tiempo de ocio para dedicar más atención precisamente a esa misma familia. Al apurar estos cálices de sacrificio por los demás, nosotros, como seguidores de Jesús, podemos acercarnos más a Él durante nuestro camino de Cuaresma. Son formas de hacer vida algo del espíritu generoso y confiado que Jesús muestra en su propio camino hacia el Reino de su Padre.
En una carta escrita hacia el final de su vida, ¿no aconseja Vicente el lugar de tal sacrificio en el seguimiento del Señor?:
Si nuestra perfección se encuentra en la caridad, como es lógico, no hay mayor caridad que la de entregarse a sí mismo por salvar a las almas y por consumirse lo mismo que Jesucristo por ellas.
(SVP ES VII, 292).
Tags:











0 Comentarios