“¡Dejadla! ella lo ha guardado para mi sepultura”
Is 42, 1-7; Sal 26; Jn 12, 1-11.
El escenario de Jesús en Betania en casa de Lázaro, nos muestra el lugar de descanso. La familia lo recibe bien, incluso hoy escuchamos como empiezan a ungir a Jesús. El perfume de nardos, una fragancia
que lleno aquella casa, fue motivo de escándalo para Judas Iscariote. ¿Realmente le interesan los pobres? ¿Por qué se escandaliza de aquel acto?
Muchas veces dentro de la iglesia, existen personas que se escandalizan por las ofrendas que llevan. Incluso tendrán razón de hacerlo. Por otro lado, si no les gustan las ofrendas que llevan a la iglesia o arreglos para una imagen, les invito a que las mismas personas sean las primeras en llevar la ayuda algún necesitado. Si realmente nos interesan las personas más vulnerables, tenemos libertad y hasta obligación cristiana de atenderles con un corazón sincero.
Evitar un corazón que sólo observe lo que pasa alrededor sin ayudar o ser generoso. Seamos coherentes con aquellos que queremos ofrecer al Señor. No actuemos como los nuevos Iscariotes que únicamente se fijan en las cosas materiales y evitar brindar ayuda a los pobres de nuestro tiempo.
Señor que nuestras lágrimas de arrepentimiento sean como ese perfume para embalsamar tu cuerpo.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. José Alfredo Delgadillo Padilla C.M.









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