Contemplación: Lo que podemos y debemos hacer
Existen límites a lo que podemos hacer para atender las necesidades de nuestros vecinos. A veces es una simple cuestión de matemáticas: literalmente no tenemos dinero para pagar el alquiler o la factura de la luz. Otras veces, la necesidad exige niveles de especialización que tal vez ningún miembro de nuestra Conferencia posee. Es fácil ver lo que podemos hacer; discernir lo que debemos hacer puede resultar más difícil.
Nos sentimos impotentes cuando, a causa de una enfermedad u otra tragedia personal, los vecinos han caído en la indigencia y son sencillamente incapaces de salir a flote por sí mismos; sin embargo, sus necesidades económicas son demasiado grandes para que podamos cubrirlas, o tal vez ya es demasiado tarde: el desalojo ha sido dictaminado o el automóvil ha sido embargado. No podemos pagar las facturas y no podemos solucionar el problema. ¿Qué debemos hacer? Santa Luisa dijo: «Verán una gran cantidad de miseria que no podrán aliviar. Dios también la ve… Compartan sus pruebas con ellos; hagan todo lo que puedan para brindarles un poco de ayuda y manténganse en paz». [SWLM, L.353]
Por otro lado, a veces nos sentimos frustrados cuando un vecino —que, al parecer, se ha causado todos sus propios problemas— sigue llamando mes tras mes, año tras año, y la situación siempre parece ser la misma. Nunca sigue nuestros consejos; nunca parece realizar cambios reales. Podemos pagar las facturas, pero eso no solucionará el problema. ¿Qué debemos hacer? «Dios no considera el resultado de la buena obra emprendida —enseñó San Vicente—, sino la caridad (el amor) que la acompañó». [CCD I:205]
Estas dos situaciones no son, en realidad, muy diferentes entre sí; pues resulta que no somos la «Sociedad de Pago de Facturas» ni la «Sociedad de Solución de Problemas», y si medimos nuestro éxito únicamente según esos estándares limitados, siempre terminaremos decepcionados. Los vicentinos servimos con esperanza, y es precisamente la esperanza la que nos protege de enojarnos con un sistema que parece aplastar a algunas personas, o de enojarnos con un vecino que parece ser la causa de sus propios problemas. ¿Qué sucedería si nuestro Señor nos negara la esperanza cuando acudimos ante Él con nuestras necesidades? Él no pierde la paciencia con nosotros, por muy a menudo que nos quedemos cortos. De hecho, Él insiste en que sigamos pidiendo.
Cuando un vecino nos llama, es una señal de amistad, que siempre debe ser recibida con amistad. Cuando no disponemos de los medios materiales para ayudar, siempre tenemos empatía, oración y esperanza para ofrecer. Cuando nuestro amigo parece enfrentarse siempre a las mismas dificultades, nos preguntamos primero —no cómo ha actuado él, sino— en qué hemos fallado nosotros en el pasado y cómo le ayudaría un amigo ahora.
Como nos recuerdan Vicente y Luisa, ni la ayuda que podemos ofrecer ni la ayuda que debemos ofrecer se miden mejor en términos materiales. Servimos únicamente por amor, y el amor nunca falla.
Contemplación
¿Permito a veces que las preocupaciones económicas se interpongan en el camino del amor?
Por Timothy Williams
Director Senior de Formación y Desarrollo de Liderazgo
Sociedad de San Vicente de Paúl USA.
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