Intención diaria de la Familia Vicenciana: 29 de marzo de 2026
Hoy, 29 de marzo de 2026, los miembros de la Familia Vicenciana rezamos por los constructores de paz que trabajan mediante el diálogo y la comprensión.
La verdadera paz no se impone, se construye con escucha, respeto y visión compartida.
San Vicente creía en una paz basada en la verdad y la compasión, no en la violencia.
Rezamos por quienes median, reconcilian y dialogan en sociedades divididas. Que encuentren fuerza en su misión.
Palabra de Dios
“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5,9)
Oración
Dios de la paz, fortalece a quienes construyen puentes donde otros levantan muros. Haznos sembradores de reconciliación. Amén.
En este mismo día, también celebramos:
—La fundación de las Hermanas de San Vicente de Paúl de Torhout, establecidas en 1805. Fundada el 29 de marzo de 1805 en Torhout, Bélgica, por María Moke Coutteau, esta congregación diocesana se dedicó desde sus inicios a la educación y al cuidado de los enfermos. Arraigadas en el carisma vicenciano de humildad, sencillez y servicio a los necesitados, las Hermanas se centraron especialmente en llegar a los más vulnerables —niños sin escolarizar y pacientes sin atención— reflejando el espíritu de San Vicente de Paúl a través de actos prácticos de compasión. Aunque relativamente pequeña, la comunidad perseveró a lo largo de los tumultos políticos del siglo XIX, formalizando su estructura en 1824 y federándose posteriormente con otras congregaciones vicentinas belgas en 1955. Guiadas por su lema —«ver a Cristo en los pobres»—, continúan sirviendo a las parroquias, escuelas y ministerios de salud locales, encarnando la solidaridad vicentina en cada acto de presencia solidaria.
—La fundación de las Hijas de la Caridad de María Inmaculada, establecida en 1915. La madre Inés María Gasca Solórzano, guiada por el padre José Castillo, abrió el «Centro de Caridad de María Inmaculada» en el Hospitalito de Nuestra Señora de Guadalupe en Tacubaya, Ciudad de México; las dos primeras compañeras, Refugio Moreno y Soledad Iturbe, se unieron a ella en una ceremonia religiosa formal que inauguró su misión. Unidas por un profundo carisma de inspiración vicenciana, estas hermanas se dedicaron a servir a Dios a través de actos de caridad, especialmente cuidando a los enfermos, los ancianos y los niños en hospitales, orfanatos, escuelas y hogares. Su identidad distintiva se expresa en el compromiso de «servir a Dios en la persona de los pobres, los ancianos y los niños», arraigado en el amor orante y el servicio atento. A lo largo de las décadas, la Congregación maduró, recibiendo la aprobación diocesana en 1963 y, finalmente, el reconocimiento pontificio en 2004, sin dejar de ser fiel a su espíritu fundacional de acompañamiento compasivo y misericordia práctica.
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