Sufrir y entrar así en la gloria
Si bien no tiene ninguna culpa, Jesús se digna sufrir por nosotros los pecadores. Nos da a conocer así que Dios tanto nos ama.
Sube Jesús a Jerusalén para sufrir y entrar así en la gloria. Pero no se les ocurre seguramente a los que le saludan con «Hosanna» que él va a sufrir.
De veras, ¿cómo podrá sufrir el que se toma por el heredero ungido del trono de su padre, David? En lugar de sufrir, el Mesías triunfador los hará sufrir a los enemigos de los judíos.
Por lo visto, los que emocionados y entusiasmados aclaman a Jesús no logran captar que viene él humilde y pacífico. Pues no monta en un caballo brioso de guerra, sino en un asno sosegado. Pero se les puede perdonar tal falta de comprensión. Es que no saben lo que sabemos. Y lo sabemos por decirnos Mateo que esto ocurre para que se cumpla Zac 9, 9.
Sí, se nos revela que ser Jesús el Rey mesiánico y davídico es ser él el Siervo sufriente del Señor. El Señor ayuda a su Siervo. Y es por eso que este puede sufrir los ultrajes y endurecer el rostro como pedernal. Es por eso que no busca que se haga lo que él quiere, sino lo que el Padre quiere. Así que obedece hasta la muerte, y muerte de cruz; entrega su cuerpo y derrama su sangre, pues nos ama mucho.
Con todo, nos cuesta tomar en serio lo que se nos da a conocer. No rara vez nos bebemos las palabras de los que nos urgen a ser realistas y no ingenuos. Es decir, a admitir que «Jesucristo no tiene ninguna ventaja sobre Gengis Khan». A poner en duda y tomar por una utopía lo que se nos enseña: Dios es amor y la ley fundamental de la perfección humana y de la transformación del mundo es el nuevo mandamiento del amor (GS 38).
Señor Jesús, concédenos subir contigo a Jerusalén para que logremos sufrir contigo y entrar contigo en la gloria. Y haz que, al igual que tú, amemos a costa de nuestros brazos y con el sudor de nuestra frente (SV.ES XI:733). Y no solo en los momentos importantes, sino, ante todo, en la vida ordinaria (GS 38).
29 Marzo 2026
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (A)
Mt 21, 1-11; Is 50, 4-7; Fil 2, 6-11; Mt 26, 14 – 27, 66











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