Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios, el que ha de venir al mundo, es la resurrección y la vida. Creer en él quiere decir vivir, no morir nunca.
Es para que los discípulos logren creer en Jesús que este no va enseguida a la casa del enfermo Lázaro. Y cuando llega él allí con ellos, hace ya cuatro días que Lázaro ha sido sepultado.
Con todo, ama aún Jesús, claro, a Marta, a María y a Lázaro. Y no oculta el amor que los tiene. Pues al ver llorar a María y a los que están con ella, él se conmueve y se turba. Luego, se echa a llorar. Y al acercarse a la tumba, se conmueve una vez más. ¡Cómo lo ama de verdad a su amigo!
Y no hay amor más grande que el de Jesús. Pues es el amor del que pone a riesgo su vida por los amigos. Después de todo, hace poco que en Judea los judíos lo han tratado de apedrear. Más tarde, los sumos sacerdotes y los fariseos le decidirán matar por el bien que él le habrá hecho a Lázaro.
Sí, se ha atrevido el Maestro a volver a Judea. Y están con él los discípulos a instancias de Tomás que ha dicho: «Vamos también nosotros y muramos con él». ¿Nos unimos a él y a ellos? Y, ¿nos basta con creer en él? Dice a cada uno de nosotros, hombres y mujeres que no podemos menos que enfrentarnos a la muerte: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».
Y la resurrección no es un momento en el tiempo (Comentarios al evangelio 5). Es una persona, a saber, Jesús. Creer en él, por lo tanto, quiere decir tener una relación de comunión, de amor e intimidad con él.
Señor Jesús, al resucitar a Lázaro, te revelas, de modo pleno, hombre y Dios a la vez. Pues lloras como nosotros y haces que vuelva el muerto a la vida, lo que solo Dios puede hacer. Concédenos creer en ti y dejarnos arrastrar por las corrientes de tu amor grande. Amor que todo lo puede y no muere nunca. Amor que es inventivo de forma infinita, cuya presencia se hace real y se puede palpar y acoger en la Eucaristía (SV.ES XI:65). Arrastrados así por tu amor y vivos por tu Espíritu, nos haremos responsables para seguir llevando a cabo «la misión».
22 Marzo 2026
Domingo 5º de Cuaresma (A)
Ez 37, 12-14; Rom 8, 8-11; Jn 11, 1-45








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