“¿Quién pecó, él o sus padres?“
1 Sam 16, 1-7. 10-13; Sal 22; Ef 5, 8-14; Jn 9, 1-41.
La enfermedad es una condición que nos limita o altera el funcionamiento. Nuestro organismo se ve limitado por estas condiciones. Hoy el evangelio nos presenta un ciego de nacimiento y la pregunta ¿Por qué pasan estas cosas, hubo un mal en los padres o en el mismo hijo? Tanto la enfermedad como la muerte la relacionamos con algún evento de pecado, pero también, son los momentos donde nos humanizamos y vivimos el dolor.
La situación de dolor, enfermedad o muerte son los momentos donde nuestra empatía brota, quizá algunos sean indiferentes ante estos hechos. Jesús da la vista, la sanación. Y aun así, se incomodan los fariseos. No toleran el actuar de Jesús, incluso tratan de culparlo.
En nuestro tiempo hay quienes en labores altruistas ayudan a los enfermos, quienes sufren con ellos, pero también existen fariseos que no quieren la sanación, les falta fe en Jesús y no quieren que el Señor obre en cada uno de ellos. Oremos, por las personas que se resisten a ser hermano y son obstáculo para la salud de los enfermos. Por los médicos con falta de empatía y que busquen dar un mejor servicio a todos los enfermos.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. José Alfredo Delgadillo Padilla C.M.













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