Jesús es la luz del mundo. Hace él las obras del que lo envió. Y forma parte de esas obras el abrir los ojos a los ciegos.
Mientras va de camino, Jesús ve a un hombre ciego de nacimiento. Lo ven también los discípulos. Mas el ver del Maestro es positivo mientras el de los discípulos es negativo Se puede decir, por lo tanto, que son ciegos también los discípulos.
Son ciegos también unos vecinos del curado por no reconocerlo, si bien lo han visto antes pidiendo limosna. Y son más ciegos aún los fariseos y los otros judíos que piensan como ellos. Después de todo, sin más ni más lo juzgan ellos a Jesús no de Dios por no guardar el sábado. O dudan de la curación del ciego.
También son ciegos los padres del nacido ciego. Es que ellos no saben casi nada, así lo admiten por miedo a los judíos.
Así que no somos pocos los ciegos. Pero cuanto más crece nuestro número, tanto más resplandece y se hace intensa la luz; no la pueden apagar las tinieblas. Nos queda no más encontrarnos con Jesús, la fuente viva y la luz que nos hace ver la luz.
Él hace lo trabajoso y curioso para abrir los ojos al ciego de nacimiento. Lo mismo hará para abrirnos los ojos a los que somos lentos y torpes para ver.
Y mejorará él nuestra visión, si bien poco a poco, de acuerdo con nuestra habilidad y a nuestro ritmo. Hasta que logremos mirar no las apariencias, sino el corazón, y cobrar fuerzas para defender la verdad. Y hasta que se nos dé a conocer el Hijo del hombre y aceptemos, a nuestra vez, su invitación.
Sí, nos llama Jesús a que creer en él. Es decir, a los peregrinos en tinieblas nos quiere conducir él al esplendor de la fe.
Señor Jesús, concédenos creer en ti, adentrarnos cada vez más en tu espacio personal y descubrir cómo ves y reaccionas. Así, no seremos ciegos, sino que caminaremos como hijos e hijas de la luz, buenos, justos, veraces. Y, contigo, daremos plenitud a ley y los profetas por amar al prójimo como a nosotros mismos hasta el fin. Hasta entregar nuestros cuerpos y derramar nuestra sangre. Y danos ojos y corazón para los pobres para que te veamos en ellos (SV.ES XI:725).
15 Marzo 2026
Domingo 4º de Cuaresma (A)
1 Sam 16, 1b. 6-7. 10-13a; Ef 5, 8-14; Jn 9, 1-41









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