“Dame de beber“
Éx 17, 3-7; Sal 94; Rom 5, 1-2. 5-8 Jn 4, 5-42.
Estar sediento es el resultado de la fatiga del trabajo o de largas caminatas. Incluso para quienes han caminado en el desierto saben la necesidad de tomar agua. Hoy el evangelio de Juan nos presenta el agua viva. Es Jesús ese manantial y quiere que todos beban de esa agua.
Probablemente para muchos no nos remita Jesús al agua de vida. Pero hoy quisiera llevarlos a la experiencia del sediento. En la necesidad de beber el líquido, vida del mundo. Necesitamos ser un recipiente donde pueda entrar el agua. En ocasiones nos hemos llenado de tantas cosas, tantos ruidos, quizá hasta confundidos pensando que no necesitamos agua. Nos hemos llenado de todo, pero nos sentimos sin nada.
Aunque hemos escuchado este pasaje del evangelio más de una vez. Hagamos el esfuerzo de un vaciamiento, de tener la experiencia del necesitado, quien aún no tiene agua y busca en el manantial saciar su sed. Sentir el agobio del día o de la misma vida y buscar esa agua que no se acaba. Y confiando en Jesús, revitalizar nuestra vida, nuestras acciones. Refrescar nuestras actitudes para no ser una sociedad en sequia espiritual. ¡Jesús danos tú mismo esa agua de vida!
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. José Alfredo Delgadillo Padilla C.M.









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