«El que quiera ser grande, que sea el servidor»
Jer 18, 18-20; Sal 30; 2; Mt 20, 17-28.
Jesús anuncia cómo habría de morir. Los discípulos están confundidos y no saben discernir su menaje. La madre de Santiago y Juan, quiere que sus hijos estén a la derecha y a la izquierda del maestro. El capítulo 20 de Mateo desconcierta, pues no habla de méritos o premios para quienes son seguidores.
Su mensaje es claro, ser el último, el servidor de todos. En la entrega generosa se revela al discípulo amado. La clave del discipulado está en saberse hermano y humano. No quiere que se escale como funcionario, más aún, es claro con lo que dice acerca de beber su cáliz.
A mayor cargo, mayor servicio. Incluso me atrevo a decir, que cuando contemplamos obispos, párrocos o sacerdotes sirviendo en una comunidad, las personas lo viven o lo experimentan de otra forma.
Mirar al Hijo de Dios sin reprimir a la mujer. Explicar lo que es ser seguidor de él nos debe impulsar a cada uno para seguir sus pasos, ser más humano con el que sufre, sin anhelar grandes puestos, poniendo los ojos en aquellos que más necesitan de Dios. Pidamos al Señor la capacidad de ser fieles seguidores de su amor, caminar por su sendero y reflejar su amor..
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. José Alfredo Delgadillo Padilla C.M.









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