“Perdónanos, Señor, y viviremos”
Ez 18, 21-28; Sal 129; Mt 5, 20-26.
El mensaje de este evangelio es un mensaje de paz y de amor. ¡Cuánta paz alcanza un hombre que no está enemistado con nadie! Paz que no es ausencia de guerra, sino que es presencia de Dios, presencia de Amor. La luz de un nuevo día, las flores que despiertan, el murmullo del viento, nos enseña cuán grande y bello es el creador de todo. Y lo hizo para mí. Y lo hizo, también, para aquel con el que estoy enemistado. Y lo habría hecho igual, aunque sólo fuera yo el único habitante de este mundo, aunque fuera el otro el único habitante de este mundo. Si Dios, que es Padre, nos da esto, cuanto más nosotros debemos dar lo mejor de nosotros mismos a los demás. Jesús da un nuevo sentido a la ley rabínica, un nuevo sentido a nuestro modo de pensar; no matarás decía la antigua ley, Cristo dice: no te enfades con tu hermano, perdona. A veces es difícil perdonar, pero tenemos el ejemplo de Cristo que nos perdona todo, si se lo pedimos; que perdona a cualquier pecador si, en su corazón, se arrepiente.
“Señor, déjanos oír tu voz que nos perdona; permítenos ver y creer en la posibilidad de una vida mejor”.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Adrián Acosta C.M.









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