Ver a Cristo en el rostro de los pobres
noticias
Noticias
Últimas Noticias de la Familia Vicenciana
Historias vicencianas
La vida de nuestra Familia por todo el mundo
Formación
Formación desde el carisma vicenciano
Reflexiones
Reflexiones para vivir al estilo vicenciano
Series destacadas
Series destacadas en diversos temas
recursos
vinFormation
Recursos multimedia para la Familia Vicenciana
Somos Vicencianos
Formación en el carisma vicenciano
Conversaciones (2 Samuel 7,18-29)
«Conversación» es una palabra con una etimología instructiva. El término procede de “con” (con) y “versatio” (intercambio), subrayando la interacción y el compromiso mutuo. Habla de un tono informal y familiar, característico de la comunicación cotidiana y sencilla.
¿Podría describir también nuestro propio modo de orar — presentarnos ante Dios de una manera en gran parte relajada y sin afectación?
Un ejemplo esclarecedor de este estilo de oración aparece en el Antiguo Testamento, en la oración del rey David. Su diálogo con Yahvé en el Segundo Libro de Samuel revela una cualidad personal y cercana, propia de lo cotidiano.
Entre las expresiones de ese intercambio directo con Dios, escuchamos: «Señor Dios, ¿quién soy yo para presentarme ante Ti? Y, sin embargo, Tú me has traído hasta este lugar. Te pido que cumplas lo que me has prometido. Tú eres Dios y tus palabras son verdaderas. Bendice esta casa para que permanezca ante Ti para siempre».
Aquí David ejemplifica el uso de ese tono conversacional sencillo con Dios. No olvida la inmensa diferencia que existe entre él y Yahvé, pero aun así se siente libre para emplear un lenguaje que suena cercano. Se dirige a su Señor en ese tono «conversacional».
En muchas de sus conferencias, Vicente anima a esta cálida afinidad. Comentando las oraciones que sus cohermanos acaban de pronunciar, Vicente instruye:
«Lo que se necesita sobre todo es razonar poco, pero rezar mucho, mucho, mucho. Después de haber considerado lo que acabo de decir, había que elevarse a Dios y decirle: «Señor, envía buenos operarios a tu Iglesia, pero que sean buenos de verdad; envía buenos misioneros, tal como deben ser, para trabajar bien en tu viña, personas, oh Dios mío, que sean desprendidas de sí mismas, de sus propias comodidades y de los bienes de la tierra, que sean buenos de verdad, aunque sean en menos número».
(SVP ES XI-3, 247)
Es ciertamente verdad que nuestra oración se dirige a Aquel que es el Dios Todopoderoso del Universo. Pero también es verdad que, por medio de su Hijo Jesús, este Creador del mundo se ha acercado a nosotros con la intimidad de un semejante humano. El intercambio entre nosotros y este Señor que todo lo ama puede combinar tanto la reverencia como la familiaridad — mientras «conversamos» en la oración que realizamos.
Tags:
English









0 Comentarios