“Dichoso el hombre que confía en el Señor”
Deut 30, 15-20; Sal 1; Lc 9, 22-25.
El camino que Cristo propone es difícil. Pero ¿qué es aquello que ha movido a tantos hombres y mujeres a seguir a alguien que predica todo lo contrario a lo que el mundo de hoy ofrece? Es cierto, que hay algo de locura en esto. Una locura que experimentan sólo quienes han conocido a Cristo y, por consiguiente, le han experimentado vivo y escandalosamente atractivo.
Por algo el Papa Juan Pablo II gritaba con ardor en sus labios: «¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! ¿Qué teméis? Tened confianza en él.
Arriesgaos a seguirlo. Esto exige, evidentemente, que salgáis de vosotros mismos, de vuestros razonamientos, de vuestra “prudencia”, de vuestra indiferencia, de vuestra suficiencia, de vuestras costumbres no cristianas que quizá habéis adquirido. Dejad que Cristo sea para vosotros el camino, la verdad y la vida. Dejad que sea vuestra salvación y vuestra felicidad”.
Quien busca preservar su vida a toda costa, la perderá; quien la entrega por Él, la encontrará.
“Señor, que pueda sobrellevar con gozo las contrariedades y dificultades que forman mi cruz de este día”.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Adrián Acosta C.M.








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