Ver a Cristo en el rostro de los pobres
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Rectos como Jesús quiere que seamos
Cristo es la sabiduría de Dios, la que no es del todo como la sabiduría del mundo. Los de Cristo son sabios y rectos o justos.
Se les toma a los escribas y a los fariseos por rectos. Pues cumplen la ley de Moisés de modo estricto.
No está en contra Jesús de esa estima que reciben ellos. De hecho, da por sentado que la estima es correcta. Por lo tanto, se sirve de ella para decir a sus discípulos que sean más rectos.
Ser más rectos los discípulos quiere decir ser ellos la ley y los profetas en persona. De forma extrema, radical, profunda, diferente.
Nos toca, sí, a los que nos decimos de Cristo ser sal y luz como lo son la ley y los profetas. Son sal y luz la ley de Moisés y las palabras de los profetas. Pues son ellas nuestra delicia y luz en nuestro sendero. Así que nuestro ser y nuestro vivir gozosos y lúcidos han de contagiar gozo y luz a los demás.
También pone Jesús delante de nosotros «un listón muy alto». No nos basta, por lo tanto, con no matar, no cometer adulterio, no jurar en falso. Hay que cortar la raíz del asesinato que es la ira. Y para evitar el adulterio, hemos de ser limpios de corazón. Y atenerse a la verdad de la palabra es eliminar el testimonio falso. En cuanto a esto, se nos anima a decir las cosas como son (SV.ES IX:546).
Claro, el mundo toma por locura la forma de ser y vivir extrema, radical, profunda y diferente. Pues lo sabio, lo que vale más que nada, más que la honestidad y la fidelidad, es la satisfacción propia. Lo que cuenta es pasarlo en grande: divertirse, ganar, poseer, dominar, y cuanto más mejor.
Mas lleva esa vida mundana a la ruina. ¿Qué hay de sabio, pues, en la autodestrucción?
Señor Jesús, das plenitud a la ley y los profetas porque cumples en absoluto la voluntad del Padre. Concédenos seguirte humildes, pobres, despegados de todo lo que no es Dios, con caridad para con el prójimo (SV.ES XI:426). Hasta el extremo, hasta entregar nuestros cuerpos y derramar nuestra sangre. Haz también que rectos renunciemos a todo lo que lleva a los conflictos y que no seamos amigos del mundo. Nos lleven nuestras limosnas, oraciones y ayunos a buscar el bien de los demás.
15 Febrero 2026
6º Domingo de T.0. (A)
Eclo 15, 15-20; 1 Cor 2, 6-10; Mt 5, 17-37
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