“Por tu pueblo, Señor, acuérdate de mí”
1 Re 11, 4-13; Sal 105; Mc 7, 24-30.
Es necesario conocer y encontrarnos con Cristo para poder darlo a los demás. Así la mujer siro-fenicia buscó luchar entre tanta gente para poder hablar con Cristo. En el diálogo con el Señor se le otorgó el favor que pedía. La oración debe preceder a la acción; la contemplación antes de la conquista.
Con toda confianza y familiaridad, puesto que de eso se trata, de hacerlo con toda la frecuencia posible, hasta que se vuelva algo cotidiano.
Jesús, ¡Qué gusto saber que te puedo encontrar en la oración y que tienes un don especial preparado para mí! Quieres que me acerque con verdadera humildad y fe porque sólo así te doy el lugar que verdaderamente te mereces. Concédeme vivir con esta actitud durante todo el día para así escuchar tu voz y poder darte a conocer a los demás.
“Señor, que lleguemos a ser lo que Tú esperas de nosotros”.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Adrián Acosta C.M.








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