Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos
Sof 2, 3; 3, 12-13; Sal 145; 1 Cor 1, 26-31; Mt 5, 1-12.
Así como los mandamientos de la ley de Dios han sido el orden moral que Él ha establecido para nosotros en una etapa de la historia de la humanidad; Jesucristo, a través de las Bienaventuranzas ha querido establecer ahora un orden espiritual.
El punto de partida es una invitación a vivir el “buen viento” de la pobreza de espíritu, es decir, vivir en desapego, con libertad para poder amar. Con quietud emocional, humildad y una coherencia de vida. En un completo contraste con los valores que propone el mundo.
En el centro de las Bienaventuranzas Jesús nos propone ser misericordiosos. La consecuencia será poder ver en los otros la imagen de Dios, se trata de un llamado a un estilo de vida que busca la justicia y la paz, anticipando la consolación divina, la saciedad de un hambre espiritual y la visión de Dios. Son las características de la verdadera felicidad y la vida del Reino de Dios. En la defensa de los valores humanos y espirituales.
“Señor, que Tu misericordia sea la que se muestre en mi trato hacia mis hermanos”..
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Adrián Acosta C.M.













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