“¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?”
2 Sam 12, 1-17; Sal 50; Mc 4, 35-41.
Sabemos que la fe no consiste solamente en aceptar ideas o creer en realidades que no comprendemos. La fe es una experiencia vital que nos hace sentir que todo en la vida tiene un sentido y una razón; que el camino nuestro está acompañado por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en cuyas manos vivimos, nos movemos y somos.
Esta fe, como experiencia profunda, es un camino que se va recorriendo, a veces en medio de la claridad, a veces en medio de tormentas. A veces confiamos y a veces nos llenamos de miedos.
El evangelio de hoy nos presenta a los apóstoles pasando por una prueba de fe en Jesús. En su travesía por el lago, en medio de una tormenta, se llenan de miedo. Jesús enfrenta a la tormenta y el viento y el mar se calma ante su voz. Luego viene el reclamo a los apóstoles: “¿Por qué son tan cobardes? ¿Aún no tienen fe?”.
Fe y miedo no pueden caminar juntos, nos dice Jesús. ¡Pero es que somos tan frágiles y nuestra fe tan débil!
Señor, que nuestra fe sea tan grande que se traduzca en confianza, en alegría y en trabajo comprometido por el Reino.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Silviano Calderón C.M.








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