“Decían que estaba fuera de sí”
2 Sam 1, 1-4. 17-27; Sal 79; Mc 3, 20-21.
Es desconcertante el párrafo que leemos hoy en el evangelio. Solo dos frases: –Una, muestra a un gran grupo de gente que se reúne en torno a Jesús, entendemos que aprobándolo, apoyando entusiasmada su misión. –La otra habla de sus familiares, que lo buscan para llevárselo, alejarlo de la misión, porque creían que no estaba en sus cabales. ¡Qué opiniones tan discordantes!
La multitud lo aclama porque ha visto las maravillas que realiza y porque necesitan y esperan algo de él. Los familiares tal vez temen (y con razón) que corre algún peligro porque se está confrontando con grupos poderosos, o tal vez piensan que no necesitan en la familia a un profeta que revuelva tanto las cosas. Su intención seguramente es buena, pero nace de la incomprensión. A unos los mueve, en gran medida, el interés y la necesidad, a otros el desconocimiento.
Y a mí, ¿Qué me mueve para buscar a Jesús? ¿Qué espero de él, qué deseo de él? ¿Qué he recibido de él, que me haga seguirlo buscando con entusiasmo?
Y, por otra parte, ¿yo qué le he dado a Jesús? ¿Qué le he entregado? ¿Qué he sacrificado por él?
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Silviano Calderón C.M.








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