“Al pasar vio a Leví y le dijo: Sígueme”
Sam 9, 1-4. 17-19; Sal 20; Mc 2, 13-17.
Va ampliándose el pequeño grupo de discípulos. Ahora toca a Leví ser llamado a formar parte de él. Leví no es un pobre pescador, pero sí pertenece a un grupo de judíos despreciable y rechazado por todos, era recaudador de impuestos. Trabajaba al servicio de los romanos, de alguna manera colaboraba con ellos en el sometimiento y empobrecimiento del pueblo. Traidor a la patria y traidor a la Ley.
Pues bien, a Jesús no le importan esos prejuicios; mira a Leví~Mateo a la orilla del lago y descubre en este hombre mil posibilidades que lo capacitan para unirse al trabajo del Reino de Dios. La mirada de Jesús va directo al corazón, se salta los convencionalismos y criterios excluyentes de la sociedad para encontrar, en lo más profundo, los sueños, la dignidad, los deseos de un mundo distinto y la voluntad de trabajar para conseguirlo. Mira en Mateo bondad, fidelidad, deseo de cambio, apertura a la palabra de Jesús. Y lo llama. Solo pronuncia una palabra (“sígueme”), lo demás se lo había dicho con la mirada. Y mateo responde al instante. ¡Jesús no se había equivocado!
¿Qué ve Jesús en mí cuando mira en lo profundo?
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Silviano Calderón C.M.













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