Ver a Cristo en el rostro de los pobres
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Intención diaria de la Familia Vicenciana: 11 de enero de 2026
Hoy, 11 de enero de 2026, los miembros de la Familia Vicenciana rezamos por las personas encarceladas, especialmente las olvidadas y detenidas injustamente.
En las cárceles, muchos sienten que el mundo se ha olvidado de ellos. La prisión no solo encierra cuerpos, también aplasta esperanzas. Y sin embargo, Cristo mismo fue arrestado y condenado, uniéndose a todos los que sufren injusticia.
San Vicente nunca consideró que alguien estuviera más allá de la redención. Se acercaba a los presos con misericordia y cuidado pastoral, recordándonos que toda persona conserva su dignidad, incluso entre rejas.
Rezamos por los encarcelados: los verdaderamente culpables y los injustamente acusados. Por los pobres sin defensa legal, por los ancianos o enfermos tras las rejas, por quienes esperan juicio en silencio. Que nuestra sociedad sepa castigar con justicia, pero también restaurar con compasión.
Palabra de Dios
“Estuve en la cárcel y me visitasteis.”
(Mateo 25,36)
Oración
Dios misericordioso, tú estás cerca de los que el mundo olvida. Visita a quienes están en prisión con tu paz. Sana lo que está roto, transforma lo que está endurecido y consuela lo que está herido. Enséñanos a ver en cada preso a un hijo tuyo. Amén.
En este mismo día, celebramos también con alegría la fiesta de la Beata Ana María Janer Anglarill, S.F.U., una devota religiosa española y fundadora de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgell. Nacida en 1800 y beatificada en 2011, dedicó su vida al cuidado de los enfermos, los pobres y los más vulnerables, especialmente en tiempos de guerra y agitación social. Su inquebrantable confianza en la Divina Providencia y su profunda compasión la inspiraron a fundar una comunidad de mujeres comprometidas con el servicio a los demás con humildad, caridad y ternura maternal.
También celebramos con alegría la fundación de las Hermanas de la Misericordia de Munster, en 1808, y la fundación de los Miembros Asociados de los Hermanos de la Caridad, en 2001. Damos gracias por su fiel testimonio y su generoso servicio dentro de la Familia Vicenciana, por aportar compasión, cuidado y dignidad a los más necesitados. Que Dios siga bendiciendo sus misiones, fortaleciendo su compromiso y llenando sus corazones de alegría y valor para servir a los pobres con amor y humildad.
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