El Espíritu bajó como una paloma y se posó sobre Él
Is 42, 1-4. 6-7; Sal 28; Hech 10, 34-38; Mt 3, 13-17.
Celebramos hoy el Bautismo del Señor, un hecho histórico registrado por los cuatro evangelios. Al parecer, los primeros cristianos se preguntaban por qué Jesús tenía que acogerse a un rito de arrepentimiento y de purificación. No necesitaba ser perdonado de nada ni tenía nada de qué arrepentirse. Para responder a esas preguntas San Mateo nos da varios detalles en el texto de hoy.
–Jesús está por encima de Juan. El mismo Bautista lo reconoce.
–El bautismo es para “realizar la justicia plena”, dice Jesús (v. 15). La justicia de Dios se refiere a su voluntad de salvar a toda la humanidad. Al bautizarse Jesús, de alguna manera está cargando sobre sus espaldas todo el peso del pecado y todo el sufrimiento humano; muestra el deseo de Dios –y de él mismo– de caminar solidario con el hombre frágil, pecador, sometido por el egoísmo, para acompañarlo en un camino de liberación.
–En el bautismo se descubre el verdadero ser de Jesús: el cielo se rasga, el Espíritu Santo desciende sobre él y la voz del Padre lo proclama su “hijo predilecto”. ¡Una manifestación trinitaria!
Celebremos toda la riqueza que Jesús nos ofrece y renovemos nuestro propio bautismo.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Silviano Calderón C.M.













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