Entraron y, postrándose, le adoraron
Is 60, 1-6; Sal 71; Ef 3, 2-3. 5-6; Mt 2, 1-12.
Una escena llena de ternura y de asombro: Unos personajes extraños, con vestiduras raras y llenos de tesoros en sus monturas, llegan de tierras lejanas hasta Belén. Parecen personajes importantes, pero, al momento, los vemos postrados ante el niño, adorándolo. ¿Quién es ese niño y quiénes son esos magos que llegaron de oriente?
En la escena veo una imagen del futuro y del presente. En el futuro veo a la humanidad entera reconociendo que en Jesús se nos entrega el amor eterno de Dios, que en Él están todas las riquezas que anhela y que persigue. Que en Jesús está la verdad, la paz y la verdadera dicha.
En la escena también me veo a mí postrado, ofreciendo todos mis pobres“tesoros”(sueños, anhelos, capacidades, errores y aciertos, fragilidades y fortalezas, logros y fracasos…), poniendo mi vida entera a los pies de Jesús. Rendido ante el tierno “Cordero de Dios”, reconociendo que todo lo que soy y tengo no vale nada si no lo ofrezco, si no lo pongo delante de Él. Me veo a mí mismo en un futuro incierto, futuro que quiero ir apresurando para convertirlo en un presente iluminado y pleno.
Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Silviano Calderón C.M.













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