Jesús es la luz del mundo. Los que no lo dejan de acoger, abrazar y seguir tienen la luz de la vida y se hacen luz del mundo también.
Herodes busca matar al niño Jesús. Los sumos sacerdotes y los escribas no se acercan a Belén. Así que, sí, en vez de aceptar y abrazar a Jesús, los de su país lo rechazan, se muestran indiferentes.
Mas por una razón pasa todo esto (SV.ES VII:249). De hecho, tal rechazo o indiferencia coincide con la búsqueda de los magos; la razón del rechazar por parte de los judíos es el abrazar por parte de los gentiles.
Los forasteros se interesan, sí, en el que las estrellas anuncian. Estas las pueden ver todos, los judíos y los no judíos En cambio, los de Jerusalén, no, no le hacen caso al que sus propias Escrituras anuncian. Y se sobresaltan en vez de alegrarse. Queda patente lo extraño: los del pueblo elegido, sí, rehúsan abrazar a Jesús mientras los de fuera no lo dejan de abrazar.
Se nos precave, pues, de la exclusión y la división, y se nos llama a la inclusión y la ampliación. No basta con que formen parte del Pueblo de Dios los judíos no más. Hay que incluir también a los gentiles, a las gentes de toda raza, lengua y nación.
Así, se amplía a la vez el Pueblo de Dios y a su luz logran caminar también los demás pueblos. Pues no, no me basta con amar a Dios, si no lo ama mi prójimo (SV.ES XI:553).
Y el Cordero quiere también hacer de hombres y mujeres de toda raza, lengua y nación un reino de sacerdotes. Por él, pues, con él y en él, ofrecemos su Cuerpo y su Sangre, sacrificio grato al Padre, en la unidad del Espíritu Santo.
Señor Jesús, concédenos abrazar a ti y a gentes de toda raza, lengua y nación. A los que viven en las periferias en particular. Pues todos ellos son herederos también de la promesa de Dios.
4 Enero 2026
Epifanía del Señor
Is 60, 1-6; Ef 3, 2-3a. 5-6; Mt 1, 1-12













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